El Charco

La abuela Antonia contemplaba el paisaje desde el banco del parque. El día era tranquilo y disfrutaba de como el sol le acariciaba la cara con sus rayos. La temperatura era perfecta.

No muy lejos de ella había un pequeño charco rodeado de hojas secas, un par de pájaros picoteando un trozo de pan y un gato callejero rebuscando en una papelera.

Uno de los pájaros se acercó a beber al charco, después de beber se retorció y callo muerto sobre las hojas. Su compañero salió volando, el gato se acercó al ave inerte y comenzó a tocarlo con la pata. Antonia miraba la escena con atención y curiosidad.

Después de un rato el minino se cansó de juguetear y bebió del charco. Sufrió el mismo destino que el pobre pájaro. La anciana se acercó a mirar y pego un grito al ver como el pájaro revivía y se convertía en una linda ave con brillantes plumas de colores.

El gato abrió los ojos y se encogió hasta convertirse en un bebe peludito. Antonia lo miró con ternura y lo cogió en brazos. El gatito ronroneó. Giró la mirada y vio su reflejo en el charco. Vio su cara cansada y arrugada, su cabello gris, sus arrugas.

Dudó por un momento. Finalmente se agachó y bebió del charco.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *