Intestinos Fotográficos

Albert había terminado con Anna aquella noche. Aún tenía los ojos rojos y la mirada perdida. Dolía. Dolía mucho.

El anden estaba solo y el tiempo pasaba lentamente. Las ganas de llorar y la presión en el pecho volvieron. Tal vez debía darse una segunda oportunidad, aunque eso no arreglaría nada. El dolor seguía pinchándolo el corazón.

Un pensamiento precoz le hizo saltar hacia las vías justo cuando pasaba el tren; el cual se transformó en un dragón que de un bocado se tragó al chico rubio.

Dentro del gran dragón había un largo pasillo tapizado de recuerdos de Anna y él. El chico flotaba y recorría a gran velocidad los intestinos fotográficos del dragón hasta que una luz lo cegó.

Abrió los ojos dos paradas de metro después. El dolor del pecho disminuía poco a poco. Sonrió. Sabía lo que tenía que hacer.

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