Travel Journal 2

Parte 2

Junio, 20, 2011

8:12 a.m.

Pos ya van a pasar por mí. Son las nueve y cachito. Ya no nos podemos ir temprano como antes. Ahora con tanto narco y cholo es imposible. Ademas somos puras viejas, osea que nos iría peor.
12:20 p.m.Ya vamos a llegar al puente de Nuevo Laredo. Espero que no haya mucha cola, porque todas traemos el permiso menos la pendejita de Marcelita. Yo creo que le voy a decir a Tatis y a Caty que nos vayamos al Mall y la puñetas esta que se chingue. Que se quede sola haciendo la fila… jojojo…


2.48 p.m.
Al fin pasamos la fila de la aduana, ahora la babosa esta se queda para pedir el permiso. Yo me voy con todas las demás a comer al Taco Bell, luego de shopping un ratito. Mejor un ratote… nomás por chingar…Marcela dijo que nos mandaría un mensaje cuando acabara…

6.00 p.m.
¿Pues habrá chingos de gente o que? No nos ha dicho nada… Francia dijo que en media hora nos pasábamos a ver que pedo. Yo prefiero quedarme en el mall, pero Tatis me dijo que no fuera mala copa y que me alivianara con el tema de Marcela. Ella tampoco la traga, pero se aguanta. Yo no soy como Tatis… a mi me vale madre.


Cierro el diario y vuelvo a aquel día. Me acuerdo que estaba sentada en un Starbucks tomándome un té. Francia y Bárbara llegaron a buscarme diciendo que las demás estaban en la camioneta. Me paré con mala cara y nos fuimos. Luego todo el pinche desmadre. De jodido terminé en un lugar medio seguro. Sepa la madre qué pasó con las otras. Miro la Blackberry y nada, no hay mensajes. No hay respuesta. Mi cerebro va muy rápido.

Pienso muchas cosas a la vez, imagino escenarios y finales para esta pinche situación de mierda. Hay un común denominador en todos. Yo volándole los sesos a la pendeja de Marcela (acá bien hollywoodesco) , o tal vez dándole un chingazo en la cabeza con una bate de baseball hasta que se le salgan los ojos disparados y se queden aplastados en la pared. Descargar toda la rabia contenida. Pero no creo que la oportunidad se presente.

Se me está empezando a ir la cabeza. Chale…Me limpio la herida del brazo me doy cuenta que tal vez me duela por otra razón, ya que parece estar sanando. Dejo más floja la venda para ver si es eso lo que hace que me duela. Ya que no tengo mucho que hacer lavo mi ropa, me pongo la camiseta de Homero y uso el Tide de viaje que me encontré en el súper.

Mi outfit describe a la perfección mi estado mental. Locura. el cinto a la cadera, los calcetines de rayitas, la chaqueta de mezclilla  y los Converse. ¡Chingue su madre! Mientras pongo mis jeans debajo del seca-manos mi celular vibra. Es Tatis.

Estamos bien. ¿Dónde estás?

No podía creer que al fin me contestara. Las manos me temblaban mientras tecleaba torpemente:

En una gasolinera, no sé dónde, creo que por Wako o Dallas.

Me apresuro a enviarlo ya que no sé cuánto tiempo me durará la señal. El ícono de enviando no aparece. Luego se congela. Intento de nuevo. Sigue procesando. Me dan ganas de aventar el pinche aparato a la chingada del coraje. Me siento en el suelo a llorar.

*

Me quedo dormida de tanto llorar. Mis pantalones están medio húmedos así que me pongo a terminar de secarlos. El ruido del secador es molesto. Cuando termino salgo del baño para despejarme. Esta comenzando a atardecer. La luz se ve anaranjada. Antes de tener que estar completamente a oscuras decido mirar por la ventana una vez más. No veo a nadie. Mañana tendré que salir. Me voy a volver loca si me quedo aquí. Reviso mi celular y veo que el mensaje no se ha enviado. Trato de enviarlo de nuevo, pero no funciona. Me cuesta dormir, entre la angustia y la mala postura. No logro más que cerrar los ojos por mucho tiempo, tan sólo por lapsos de 30 minutos o como mucho de una hora. Cada vez que me abro los ojos checo mi teléfono.

Me levanto al baño y veo el reloj de la pared, son las cinco y cacho de la mañana. Cuando intento volver a dormirme escucho un ruido fuerte. Viene de la tienda. ¡Chingado! Están aquí. ¿Y cómo fregados me defiendo? No tengo ni madres, bueno el pinche extintor que seguramente ha de pesar un putazo, no se si pueda cargarlo. Ojalá tuviera el pinche bate de baseball con el que tanto fantaseaba. Ni de pedo voy a ver quien es, aún está oscuro. No voy a ser como los pendejos de las movies que van a investigar y luego pelan gallo. ¡Ni madres! Hay dos puertas que me protegen (espero). Aquí me quedo. Igual y se van. A lo mejor es un perro o un gato.

Pego la oreja a la puerta a ver si puedo escuchar algo más. Pasa un rato. No escucho nada. A lo ya me estoy volviendo loca y estoy escuchando cosas. Y de pronto otro pinche ruido culero me asusta. Ahora está más cerca, es la puerta de la oficina. ¡No mames! Me va a dar un pinche paro cardiaco. Otro chingazo, se abre la puerta, y nomás siento un golpe. Todo se vuelve negro. Ya valí madres, es lo último que pienso.

*

Cuando abro los ojos noto que ya es de día. La puerta del baño esta abierta. ¿Qué pedo? Mis cosas están acomodadas en una esquina. Y la venda de mi brazo está cambiada. Me levanto lentamente e intentando hacer el menor ruido posible. Salgo casi de puntitas, y al mirar el despacho veo que esta vacío, pero la pantalla de la computadora esta prendida.

¿Habrá alguien? ¿Se habrá ido ya? Chingado, se me va a salir el corazón de los nervios. Estoy por hacerme pipí encima. La puerta del despacho esta cerrada y las persianas medio abiertas. Agarro el pomo de la puerta y lo giro despacito. Siento los latidos acelerados que me retumban en la cabeza y la mano me empieza a sudar. Aprieto las piernas para no mearme de los nervios. Abro la puerta y suelto un grito, acá bien agudo, camino hacia atrás, me tropiezo y me caigo de nalgas al piso.

–Shut up gurl! They’re gonna hear ya! -dice un hombre con acento medio gángster.

Y cómo quería que no gritara. Pinche negrote alto con cara de pocos amigos y un ojo y parte de la cabeza vendados. Trae una chaleco de camuflajeado militar, una camiseta interior blanca, unos pantalones negros y unas botas con la punta de metal. También lleva un paliacate desgastado alrededor del cuello. El wey parece un pinche caco maleante. Tiene unos brazotes llenos de tatuajes. Ya valí doblemente madres. Pinche mala suerte que tengo.

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